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Opinión

 

¡Qué ocurrencias tengo!

04-02-2019
Opinión Opinión ¡Qué ocurrencias tengo!
Sabed una verdad que no querréis creer, por supuesto, sobre todo por dos motivos: uno porque es eso, una verdad, y el otro, porque la digo yo, que no soy ni ejerciente en el poder, ni aspirante a ello, ni funcionario de alto rango ni asalariado de partido: Habría que sentir vergüenza del trato que se da a las gentes de Gibraltar cada temporada que en España la suciedad, el desmembramiento y el psicodrama existencial se desbordan llevados por descontroladas fuerzas de lo que ya es natural en esta tierra.

Y la España quijotesca se emociona y no repara en sus afanes sin pensar, sin caer en que estas especies de victorias pírricas no son más que pequeños caramelitos que le ponen en su golosa boca para callársela y que no de mucha lata, sumándose al coro que glorifican a los hegemónicos. ¡Lo malos que son en Gibraltar!

Sepan que Alemania, pura, casta, la Walquiria que dice lo que hay que hacer, guardiana del árbol de la ciencia y la sabiduría, poseedora de la pócima del entendimiento y la razón, tiene una isla, propia, no de ningún vecino, en el Estado de Schleswig-Holstein, famoso porque fue donde detuvieron al criminal Puigdemont, una isla llamada Heliogoland, con un estatuto especial, fuera del régimen de IVA de la UE, con exenciones de impuestos, donde se compra alcohol tabaco sin barreras y atrae al turismo como moscas a la miely sobre ese tema nadie ha dicho, que yo sepa, ni ustedes tampoco, ni pio, pero ¡ah!... en la pecadora Gibraltar….

La droga, sus conexiones internacionales, sus ajustes de cuentas, sus entramados corruptivos y sus excepcionales y aisladas, pero por desgracia excesivamente frecuentes implicaciones de personas que deberían estar de parte de la Ley y el orden, son carne de telediario cotidiano, siempre se nos informa que se interviene en puertos, aeropuertos, polígonos industriales, autopistas, fincas, urbanizaciones en complejos turísticos en suelo español, y de organizaciones que nada suelen tener que ver con el Peñón. Pero ¿ y el blanqueo?, pues ya se ve… las grandes masas de capital sacado por los gerifaltes catalanes lo hicieron a través de ese sitio extraño, con configuración de país, algo que todo el mundo da por reconocido y cuyo estatus es más que discutible: el Principado de Andorra, un Estado cuya Jefatura la comparten el Presidente de la República Francesa y el Obispo de la Seo de Urgel, los llamados Copríncipes, una anormalidad que se da por buena…. ¡Nadie se atreva a discutirlo, es un Estado Soberano y punto, un Estado Soberano que hace la puñeta de verdad a España en materia fiscal, de contrabando y en materia de blanqueo de capitales, pero que nadie lo toque!... pero Gibraltar.

Y ahora el caramelito de la rancia y descangallada, como dirían los argentinos, Unión Europea… ¿Y por qué no nos planteamos lo siguiente, nosotros, los Quijotes españoles?: Por ejemplo, la Isla Clipperton, o Isla de la Pasión, a unas 1000 millas de Michoacán, Méjico, en el Pacífico, es posesión francesa, un gran número de islas e islotes, poblados o despoblados, en el Océano Indico, en el Canal de Madagascar y más al sur en la propia Antártida so posesiones francesas, sitios como San Pablo, la isla de Amsterdam, Crozet, Gloriosa y Lys, St. Christophe o Bassas da India, reivindicadas por Mozambique muchas de ellas…. ¿Por qué no apoyamos al país insular africano para que sean declaradas colonias francesas, porque esas sí que lo son y la mayoría de las del canal están deshabitadas?. Otro caso peculiar: St. Pierre y Miquelón. ¿Cómo puede ser territorio francés unas islas que están a 12 kilómetros del primer punto de tierra de Terranova, Canadá?. Y luego las posesiones en Polinesia o la Guayana Francesa, al norte de Brasil, en pleno continente americano. ¿Por qué no se plantea en la UE que esos territorios a los que se les ha ido amoldando unos estatus más o menos encajables en su seno sean llamados según las mismas reglas del juego, o es que para ello habría que plantear una salida de Francia de la orquesta desafinada? Debe ser eso, porque lo de Francia ocurre a menor escala con Holanda, y ahí están, disimuladas desde 2.012 como regiones o departamentos autónomos Curaçao, Aruba St. Martin, este último caso compartido con Francia, mitad de unos, mitad de otros.

Lo de la UE es de psiquiatras, y supone la elevación a un peldaño superior del fracaso de las naciones que la forman y que, a su vez, reflejan el fracaso de las sociedades que las conforman, entendidas estas como el conjunto de sus miembros, sus individualidades, sus personas, caídas en la frustración y en la apatía de un perpetuo descreimiento, y asentadas en el hábito de ver, oír y tratar de percibir el máximo rendimiento de cada situación con el mínimo compromiso posible. Pero, aún desde este posicionamiento hay cuestiones que asombran a quien escribe estas líneas: Se positivamente que en la España del desgarro, tan llorona y esperpéntica hoy como hace doscientos años, al borde de un nuevo episodio de carlismo cainita, pretender que se tomen determinadas iniciativas es cosa de imbécil, algo por lo que no me he tenido jamás… y vocación mesiánica tampoco tuve nunca… solo me pregunto, ¿con ese caramelito, envenenado en mi opinión, de que ahora diga de Gibraltar la UE lo que antes no decía, que es lo que se gana, a donde lleva eso que celebran algunos como triunfo sin reparar en más consideraciones?. ¿Y qué ilusión, que atractivo ofrecimiento le hace España a aquella ciudadanía?. ¿Ser miembros de la próspera, maravillosa, segura y paradisíaca Comunidad Autónoma Andaluza?

Deberían pensarlo los que sin pasión ni remiendos de memorias históricas se meten a fondo en las fuentes y meditan por si mismo a la luz de los textos de diversos orígenes, porque esto de la historia reescrita y reinventada no es fruto zapateril, sino que, tomando prestadas palabras al gran Machado, es de la “cepa hispana”.

¡No sé! Quedan por delante unos tiempos apasionantes cargados de intensidad, pero también de una crueldad y dureza indiscutible, de traiciones, venganzas y de dar rienda suelta a todo lo que la ambición por el poder y la rabia de perderlo pueden dar de sí en los humanos. Unos pasarán la factura, otros presentarán cuentas, en mayor o menor medida camufladas, que los otros negarán como San Pedro, las calles se alterarán, no por convicción sino por costumbre, tal vez por hacer algo… en el sur de España, a parte de los problemas que se vienen encima, en un lugar que parece existir para que tenga las culpas de las cosas que pasan, treinta mil personas seguirán pensando que se les tiene por apestados, se les desprecia. ¡Yo no, por lo menos yo no!

Cada día me reafirmo en mí mismo, y estas páginas que vuelvo a escribir, después de una larga pausa, nadie crea que las carga la ira, ni la desolación, aunque no puedo negar su tara considerable de ese cinismo que forma parte de mi esencia. Me pregunto si la gente tiene consciencia clara de lo que se está avecinando porque a fuer de tanta noticia, comentario, titular de prensa, tertulia radiada, etc., en sabia proporción combinada con las dramáticas desventuras de la hija de la corista fulana de tal, abandonada por su galán en la parada del autobús, o las desgracias que acontecen al afamado domador de hormigas casado con la cocinera de no sé quién, todo tiene un aire frívolo, etéreo y superficial, sea la prueba de un misil de largo alcance como la continuidad del proceso independentista de Cataluña con su más que probable final sangriento por no poner remedio a tiempo, sea la tragedia de Venezuela, sea el circo montado con ocasión de la trágica muerte de un pequeño que cae en un pozo.

En mundo moderno la vida es un conjunto de absurdas frivolidades, que las personas aceptan como mal menor, y van subiendo los peldaños, los acontecimientos van siendo más graves y se siguen frivolizando, y a medida que la peligrosidad crece, la preocupación decrece, ni se piensa en ello, como el la famosa película: “La vida es un Cabaret sin fin, ¡Vamos al Cabaret!”

Y así es España, y así es esa UE, en la que aspiramos a que la demacrada Alemania, moribundo espectro de las ambiciones de Otto von Bismarck y esa Francia en desequilibrio, ¡demasiado traje para la talla del pequeño Macron ¡, le pasen la mano por el lomo mientras los otros miembros del club van conquistando sus trozos de libertad. Creo que más bien pronto que tarde esa aspiración imperial el Cabaret Europeo, cerrará el local, y en España habrá titulares: “La UE nos ha encomendado, limpiar el teatro y entregar las llaves”

Manuel Alba

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