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Sin razón de ser

05-01-2018
Opinión Opinión Sin razón de ser
Hay cosas que aparentemente no tienen razón de ser, como por ejemplo que nos enfademos entre discordias y conflictos en nuestras relaciones con quienes podemos llevarnos perfectamente, preocuparnos y sofocarnos sobre lo que va a ocurrir y de lo que no sabemos nada, si realmente sucederá.

No parece razonable que estemos obsesionados por los problemas que creamos y las soluciones que no damos, que las palabras inunden nuestro espacio y no seamos capaces de darle un valor a su significado. Que dogmaticemos en lugar de razonar y seamos capaces de autocriticarnos.

La Fundación del Español Urgente ha elegido como palabra del año 2017, “Aporofobia”, promovida por la Catedrática Adela Cortina, y que viene a significar el miedo, rechazo o aversión a los pobres. Particularmente la derecha es muy alérgica a los ciudadanos y ciudadanas que se encuentran al límite de la exclusión. Tal vez porque les afean el paisaje y no son de su paisanaje.

Y es que a nuestra sociedad no le importa el color de la piel, el sexo o la religión, lo que realmente genera desprecio por parte de algunas instancias de poder es la pobreza. Se puede ser extranjero, islamista o católico, negro o blanco, lo que no está bien visto es ser pobre.

No tienen razón de ser los hechos que desmienten los relatos, o las fabulas que pretenden convertirse en realidad. Tampoco podemos darle categoría a lo insignificante, y ponernos nerviosos e intranquilos por cualquier nadería. Debemos tener claro que deseamos hacer y no dejarnos manipular.

A veces entre lazos y nudos, obviedades y simplezas, nuestro afán perfeccionista, nos lleva a exagerar las cosas o a mostrar nuestros límites sin tapujos y con naturalidad., enterrando rencores y sabiendo esquivar todo tipo de dificultades.

Notamos que el silencio esconde algo inquietante que no sabemos explicar por muchas palabras que empleemos, y soportamos mal la monotonía, buscando en todo momento hacer cosas nuevas, practicar bondades y superar dificultades.

Entre la conveniencia y la necesidad, empleamos los instrumentos existentes en una sociedad democrática, a veces con razones y argumentos suficientes y otras agotando los recorridos y planteando nuevos problemas donde deberían existir soluciones.

La vida nos enseña fórmulas que funcionan y sistemas que no hay manera de ponerlos en pie, por mucho que nos sugestionemos, o se empeñen algunos en hacer frente a nuevas amenazas para disminuir nuestras libertades.

Con razón o sin ella, podemos encontrarnos arriba o abajo, delante o detrás, en la cabeza o en la cola, lo importante sobre todas las cosas es que tengamos buenos amigos, que seamos capaces de hacer frente con valentía y sensatez a cualquier crisis o luchar contra la más mínima desigualdad.

Sin razón de ser en nuestra sociedad se acostumbra a tratar de forma igual a los desiguales, cuando la justicia nos obligaría a abordar de manera desigual el problema de los desiguales., sin convertir en pringados aquellos que no pueden alcanzar el nivel o favoreciendo a “los que se creen los primeros de las filas” que no tienen ni zorra idea de nada.

Hay ocasiones, en las que sin ningún argumento de fundamento que lo justifique, intentamos controlarlo todo, y eso nos impide relajarnos y disfrutar, no nos deja pasarlo genial y ser felices, son momentos tóxicos que podrían haber sido mágicos,

Juan Antonio Palacios Escobar  
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